LUÍS MAYO

Estos últimos años hemos estado esperanzados y confiados en que el destino diese un giro y nos regalase una alegría. Todos éramos conscientes de la gravedad de la enfermedad y no nos hemos cansado de rezar por ti. Pero de un tiempo a esta parte, del pozo del optimismo apenas fluían sonrisas. Y ayer nos llegó la noticia. Nuestra amistad se veía interrumpida. Y poco importa si el final ya nos lo habían susurrado, porque no hay quien frene la tristeza y el dolor del distanciamiento. Descansa en paz amigo. Sabes mejor que nadie que seguiremos conectados y cumpliré con mi promesa y tu deseo. Y lo siento, porque no eres hombre de fuego, pero no me queda otra que acabar con un ¡MALDITA SEA!

MAYO

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