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LAS COSTAS DE GARRAF por Juan Antonio FLECHA

No es la más exigente ni la más espectacular. Tampoco la más conocida entre los ciclistas. No es ni mucho menos la menos transitada o la más segura. Puede incluso parecer la más estresante con tanto camión desprendiendo polvo de su carga extraída de las canteras y los camiones circulando a todo gas para sumar viajes y ganarse así el jornal. Las costas (no cuestas) del Garraf, como se conoce a la carretera que une Castelldefels con Sitges, forman parte de la vida de todo ciclista que viva al sur de Barcelona. Apenas 11 kilómetros atravesando el macizo del Garraf. El punto más alto “La Maladona” y los más bajos la cementera de Vallcarca y el pueblo de Garraf. Curvas cerradas y cortas rectas junto a acantilados que producen vértigo cuanto intentas miras hacia abajo para ver la claridad del mar que te acompaña en todo su recorrido es lo más característico de este trayecto.
Simple, ¿verdad? Pues no. Os aseguro que esta carretera tiene sus mitos, leyendas y por descontado la estima de todos los que hemos crecido literalmente en ella.
Cuentan que Poblet se entrenaba simulando las carreteras de la Liguria y sus “capos” previos a la Cipressa y Poggio en las costas del Garraf, siempre el mismo olor Mediterráneo que le acompañaba en la Vía Roma de San Remo siempre el mismo sol calentando los muros de roca para que el invierno se convirtiese en primavera aunque sólo fuese por 11 kilómetros.
Sin embargo, el rey de las costas no era Poblet ni tampoco Ángel Edo. En mi época de juvenil el más famoso y temido era un joven modelo de Sitges que en las tardes de verano se entretenía retando a todos los ciclistas que íbamos o veníamos. Su técnica consistía en pedalear hasta el cruce de la Ermita de la Trinitat y esperar paciente hasta que avistaba a un grupo o bien un ciclista. Recuerdo verlo de lejos a pecho descubierto para tostarse del sol y pensar “ahora me va a tocar picarme con este de nuevo.” Llegaba el momento y “el Rey de las costas” se ponía a dar pedales con sus zapatillas de tenis y su bici en acero como si en ese momento le fuera la vida en ello. Todo un mito de aquellos años en los que la autopista alternativa a las costas de Garraf ya existía pero su peaje, era y ha seguido siendo caro. Lo que significaba que el tráfico era intenso, el asfalto estaba desgastado y la línea discontinua permitía los adelantamientos. Vamos, que pocos se libraban de algún susto. Yo viví algunos en persona como la vez que bajando La Maladona dirección Sitges, mientras un coche me adelantaba otro intentó adelantarle a la vez, ignorando que la anchura no daba mucho de sí y se dejó todo el lateral del coche en el quita miedos. O peor aún, un día de lluvia en el que a una conductora se le fue el coche en el puente de la autopista llevándose a un ciclista por delante y cayendo la bici de éste en medio de la C-32. Ese hombre volvió a nacer ese día.
Por suerte todo eso ha cambiado y ya no es una carretera tan peligrosa. Ya no se puede adelantar y se han sustituido los quita miedos por unos muros de hormigón, algo más altos y los coches ya no corren. Se resignan a circular sin prisas.
Las costas son ahora más seguras para ir en bicicleta y aunque hay otras alternativas, es la ruta elegida por la mayoría. Si sales pronto por la mañana, te encontrarás a jubilados madrugadores, siempre los mismos y el mismo recorrido. Me atrevería a decir, que el momento con más vida es al mediodía cuando la gente hace la pausa en el trabajo y sale a entrenar. Todos en sus “grupetas” que muchas veces terminan juntándose y otras picándose como en los tiempos de “El Rey de las Costas”, pero con algo más de deportividad por llamarlo de alguna manera.
Son ya unos cuantos años entrenando por la zona desde que era un crío y a pesar de renegar algunas veces del tráfico y los camiones, siempre termino en las costas del Garraf. Será una relación amor-odio o más bien no. Creo que en el fondo la siento como parte de mi ciclismo y no entendería este deporte sin las costas del Garraf. Principio y fin de casi todas mis salidas. Testigo de mis entrenamientos. Cómplice de mis victorias y de mis derrotas. Siempre iguales y distintas. Siempre inspiradoras. Las costas, siempre mi preferida.

Juan Antonio Flecha.

EL BARBERO

La cabeza salía cargada. Cemento, ladrillos, planos, números, normativa, imprevistos, modificaciones, coctelera de cualquier proyecto. Y por un momento, me olvido. Carnaval de Sitges y un barbero en bici. Adiós a la ola siberiana. Cuerpo en el caribe, fuego en las piernas, chamusquina en el bigote.

LOS ALTAVOCES SIGUEN DE FIESTA

Comme des touristes à vélo. Mediodía por Barcelona. Pincho y manzanilla. Café sin personalidad, pero es mi debilidad, no por ello pediré perdón. Cultura acústica a pie de calle. Baile de salón transformado en paso doble de acera. Aplausos y sonrisas. Función sin atraco, voluntad en la hucha de copa. Los bolsillos de nuestros maillots regresan con Cd’s a PAVÉ. Los altavoces de la tienda siguen de fiesta.

REANUDAMOS

De espaldas al mundo de las dos ruedas durante 21 días. Muchos tiempo y sin embargo al traspasar la puerta de PAVÉ, el hambre por volver a pedalear se reanuda. Bienvenido Sergey. Día incompleto, contratiempo. De tres a dos. Recupérate Domiciano. Mañana será otro día, día en el que volveremos a sumar tres.

FRÍO PARA DOS

Desayuno sin prisas. Manos en forma de coquille buscando la transferencia de calor de la taza. Ventanal aislante. Protección sin sal. ¡Sal! Intercambio de escuetos mensajes. Encuentro la compañía de Domi. Familia PAVÉ. El frío para dos siempre es menos gélido.

UNE PARTIE DE MANIVELLES

La retraite. Duelo cara a cara. Ojos como armas. Partida de dominó. En la mesa de al lado naipes lanzadas con voracidad amenazante. Une partie de manivelles à midi. Ça roule. Le temps passe, nous avons l’esprit jeune.

AUTODROME

De cara a la pared, sometido a uno de los mayores desprecios: el olvido. Retales de una época con tintes glamorosos. Barreras oxidadas colocadas sin cuidado. En sintonía con el decorado. Y sin embargo soñamos.

SWING

Una llamada a punto de dar el cierre. Intención, contagiar el desánimo. No te salió bien amigo ibicenco… Puesta en marcha y encuentro con Flecha. Swing sobre el asfalto hasta pie de costas y ritmo de balada al despedirnos del instructor. Vuelta al pasado, a un presente añorado al cruzar Puigmoltó. Sol, fresco que no frío y Pannetone a nuestra llegada a PAVÉ.

BELLE ÉPOQUE

De otra época, al fondo el palacio burgués. Revolución industrial, los caballos ocupan el tiempo libre. Salones iluminados con lágrimas acristaladas. Señoras con sombrillas, tez blanquecina. Corbatín y moustache. Belle époque.

UNA SOLA BALA

Cipreses enfilados, recta señorial de otra época, se esquiva la entrada de la fortuna. Años atrás se jugaban el futuro, se fabricaban castillos de naipes. El domingo el tambor volverá a girar con más de una bala en la recámara. Caerán los despistados, los que nacieron en martes y trece y los temerosos. Una sola bala noqueará al PAVO, ¿quién la disparará…?

ENCUADRANDO EL DESENCUADRE

Mes fatídico encuadrado en compromisos que eslabonan una mesa con otra. Se cambia de silla, en ocasiones de compañía (no siempre), abundancia, risas y pesadez. Todo se descuadra, incluso el horario. Pero aún así, se encuentra el momento para rodar y escarvar en el estómago otro agujerito para cuando toque sentarse de nuevo… En breve.

DUELO CON FORMATO STRAVA

Pueden parecer días desaliñados, fríos, sin visión en el horizonte… pero lejos, muy lejos queda esa apatía. Un solo comentario en forma de dardo, con formato de duelo y las calas se fijan en los pedales. Soledad, suspiros que agonizan y visión virtual desde el sofá. Al estilo de Joe Halcón, la batalla del pulso se ha encendido. Seguimos divirtiéndonos. Mediodía alcanzando Sitges, Ribes y regreso a nuestro pequeño paraíso ciclista.

COMPARTIR

Compartir lo que se conoce quizás sea una de las acciones más hermosas. Aquello que en su día fue tuyo, ahora es mío, lo mío es vuestro y lo vuestro será de terceros… Montserrat conocida por todos, vista por todos ( a excepción de Sergey, primera toma de contacto con la montaña santificada) y sin embargo descubierta de nuevo. Gran salida.

PENEDÉS por José Ramón Callén

Amanece. Cuatro ruedas comienzan a tomar su posición natural en las dos bicicletas a las que estarán ancladas las próximas cuatro horas. Sonidos metálicos, sonidos de carbono, sonidos de cuerpos que todavía se están despertando y finalmente, sonidos de zapatillas duras que se incrustan en los pedales. Es la señal, todo listo, comienza el pedaleo.

Penedés, zona de carreteras maravillosamente olvidadas, de viñedos, de montañas duras que contrastan con el mar que al fondo se sigue moviendo suave, al ritmo del soleado día, fresco, que hoy contempla a esas dos bicicletas cortando el aire en la dirección de los sueños de sus curiosos e inquietos esforzados. Penedés, donde el verde es realmente verde, donde el aire huele realmente a aire, donde el cielo no puede verse más claro, más azul, más cercano. Penedés, paraíso para pedalear en mitad de la naturaleza.

Subes, bajas, te agarras al manillar, retuerces las bielas, y la fotografía viva que te rodea cambia constantemente para regalarte bosques, horizontes vistos desde las alturas, sombras jugando con el asfalto, carreteras que se pierden serpenteando en la dirección en la que te conocerás más y más. Penedés: ¿se puede estar más cerca de ti mismo?

TODO VOLVERÁ A SER COMO ERA

Cansados del tráfico, de los pesos pesados, nos vamos de la costa, nos escapamos de la autovía, desde PAVÉ hasta el Tibidabo. Nadie nos encuentra, contamos con una mano los motores. Susurros en el oído del ruso: “Todo volverá a ser como era”. Disfrutemos de nuestros momentos de gloria, cuchicheos de Domi.