Vuelo a Ibiza para encontrarme con un alemán. Aspecto de dolmen, dedos como brocas de tuneladora, tono de voz del terror de las bombas de tiempos pasados y carcajada aguda al estilo voladura de cantera. Un tipo peculiar a simple vista, de aquellos que invitan a cualquier cosa menos a sentarse a tomar unas hierbas a la fresca de un emparrado de cepas. Y sin embargo la extrañeza de su carta de presentación visual, la que nos alimenta la fantasía ilusoria de nuestro análisis superfluo, dista mucho de quién es. Rechacemos el cómo y centrémonos en el quién. Y este Alemán, recaído en Ibiza desde 1988 dispara ráfagas en movimiento, ilumina la mayor de las pitiusas en sus horas laborales y desgasta, el ya de por sí maltrecho asfalto, a golpe de pedal. Mañana compartiremos fechoría, al más puro estilo de Don Quijote y Sancho Panza, con aspecto del Pulgas y el Linterna engalonados de Rapha y retratados por uno de los amigos de la infancia, Carlos, Carlus, Carli.

Foto: Marc Gasch